Empiezo a hartarme de acudir a las empresas y que al tratar los presupuestos económicos para el ejercicio entrante, tener que entablar un debate con el departamento comercial para encontrarme nuevamente, año tras año, con la clásica…”es imposible saber cuanto voy a vender para el ejercicio venidero”.

Yo tengo un consistente argumento matemático para saberlo, pero el matiz está entre el cómo lo entienden los responsables de las ventas, -que como buenos operativos- hablan de tener que “adivinar” lo que van a comprar los clientes. Mi argumento se basa en otra visión que va de dentro a fuera, donde nos proponemos hacer que las cosas ocurran.

En esta visión lo importante no es adivinar, sino el propósito de cómo conseguirlo y aquí es donde las empresas encuentran un freno, por culpa de la gestión operativa en la que  continuamente viven. “La cultura del día a día”.

Esta otra forma de visión, es una cultura de gestión que reclama una actitud diferente para cualquier propietario o directivo de empresa, que en definitiva son las palancas del crecimiento en una empresa. Si ellos fallan, ¡falla todo!

En mi opinión, esta visión es una puerta interior (cada empresa es un realidad distinta a otra) que una vez cruzada, -entendida, diseñada, aplicada, entrenada una y mil veces hasta que finalmente este interiorizada por toda la organización-, vendrá a formar parte del ADN de la organización.

Reconozco la complejidad de la propuesta, pero abordad este tipo de temas complejos en la empresa no solo es una necesidad de hoy, es una necesidad para la supervivencia en el futuro.

En la mayoría de los casos las empresa siguen compitiendo con modelos de negocio que viene de atrás y con los que están sobreviviendo, pero cuya utilidad esta muy lejos de poderles ayudar en el futuro. Solo hay que fijarse por ejemplo en las estadísticas poblacionales, para que reflexionando sobre ello lleguemos a la conclusión que cambiarán mucho los hábitos de consumo, y aunque no nos demos cuenta, el consumidor es la fuerza interior que tira de lo que hacen las empresas o bien directamente como le pasa a El Corte Inglés o bien indirectamente como les pasa a los servicios de todo tipo.

La visión para “hacer que las cosas ocurran”, entra dentro de dos cosas que para mi son fundamentales para las empresas: La competitividad. Me resulta raro tener que recordar que las empresas no están solas en su espacio exterior, “compiten” con otras por el cliente y este hoy, no piensa igual que su padre o abuelo, por lo que la competencia nos exige adaptación constante, y eso si, ¡rapidez!, mucha rapidez. Este es el gran “mantra” de hoy!

Y por otra parte la profesionalidad. No va a resultar esto fácil dadas las dificultades que entraña la disfunción entre la formación actual de la población joven, las necesidades de la empresa donde se incorporarán y la distorsión que ha creado en las mentes de las familias “el maldito estado del bienestar”, que si bien ha servido para mejorar algunas realidades básicas de determinadas capas de la población, ha tenido el efecto de crear expectativas que nada tenían que ver con la realidad del entorno. El entorno, nos guste o no, es global, y por lo tanto y por su causa, con un aumento notable de la competitividad, y ello lleva una exigencia difícil de gestionar pero absolutamente necesaria para alcanzar niveles de vida altos.

En definitiva solo aquellas empresas que incluyan una cultura de “hacer que las cosas ocurran” dentro de su gestión diaria, serán las únicas que mantendrán le probabilidad matemática del 50% de supervivencia. ¡Suerte! o como dicen los ingleses “I wish you luck”

Luis Sequí.

Presidente Grupo Entorno Empresarial.